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Hablemos de alimentación y agroecología en zonas montañosas

En muchos países del Sur, la desnutrición es un problema transversal con repercusiones de orden económico y social, pero también medioambiental. Gracias a un proyecto liderado por la organización IFOAM Organics International y financiado por la COSUDE, varios centenares de agricultores de regiones montañosas han adquirido conocimientos sobre una producción más diversificada y también más respetuosa con el medio ambiente. Con ello, han mejorado sus condiciones de vida y se ha contribuido a reducir la desnutrición.

Erlinda Pillajo en su sembradío en Ecuador.

Erlinda Pillajo es una campesina ecuatoriana que ha formado a muchos de sus compañeros, entre ellos Janet Barrios, en agricultura ecológica © IFOAM

Janet Duran Barrios está orgullosa de su producción. Sobre una esterilla de paja extendida en el suelo junto a su huerto, muestra las distintas variedades de choclo que ha podido cosechar en unos días. En total, asegura ser capaz de producir más de cincuenta variedades de mazorca, que cultiva de forma natural y con fertilizantes inocuos que respetan el medio ambiente. No hace mucho, esto le hubiese resultado imposible, pues carecía de los medios y de los conocimientos necesarios. De ahora en adelante, disfrutará de los beneficios de este cambio; tanto por la mayor calidad nutricional de su producción, como por la protección medioambiental que procura la agroecología.

Así pues, Janet está orgullosa de esos conocimientos que, a base de mucho trabajo, ha hecho suyos. En estos últimos años, otros agricultores le han brindado apoyo, consejo y orientación sobre los medios más eficaces para diversificar su cosecha. Al optar por una agricultura más sostenible, ha obtenido productos más saludables y mejor adaptados a la demanda del mercado. Esta mujer de cincuenta años pertenece a la comunidad de Ollabamba, que habita una de las numerosas regiones de montaña cercanas a la cordillera de los Andes, en Perú. Su pequeño municipio de la provincia de Andahuaylas, a más de 700 km de Lima, está compuesto por familias de agricultoras y agricultores cuya producción representa el único –y a menudo modesto– sustento.

Esas regiones apartadas, que viven principalmente de la tierra, son también las más vulnerables a las condiciones climáticas. Especialmente sensibles a los desastres naturales y a la degradación del suelo, estas poblaciones soportan condiciones de vida muy difíciles. Algunas de ellas sufren pobreza y seguridad alimentaria crónica, en grados muy dispares según la región. Por todo ello, a raíz de la iniciativa de la División de Desarrollo y Cooperación (COSUDE) del DFAE, la organización IFOAM Organics International ha llevado a cabo un proyecto destinado a reducir las desigualdades económicas y alimentarias entre las regiones de llanura y las altas mesetas de montaña. A continuación veremos cómo lo ha conseguido.

Nutrición en Agroecosistemas de Montaña

El proyecto Nutrición en Agroecosistemas de Montaña se dedicó, desde 2014, a luchar contra la desnutrición de las poblaciones vulnerables. Para ello, fue necesario capacitar a agricultoras y agricultores en la aplicación de métodos de producción que tuvieran en cuenta las propiedades nutricionales de las cosechas y que fueran, a su vez, respetuosos con el medio ambiente. El propósito de este proyecto era la elaboración de medidas eficaces tanto para la agricultura como para la nutrición; por lo que, hablamos de una agricultura sensible a la nutrición. Este enfoque se sirve de los alimentos con alto valor nutricional, las dietas diversificadas y la fortificación de los alimentos como armas principales contra la desnutrición y la deficiencia de micronutrientes. En ese contexto, la diversificación de las especies vegetales y animales que cultivan y crían los pequeños agricultores constituye una buena estrategia para mejorar las prácticas agrícolas, y además, resulta clave para mejorar la diversidad alimentaria y la nutrición.

La adopción de medidas destinadas a promover la producción ecológica repercute directamente sobre la calidad de alimentación. No es posible actuar en uno de estos ámbitos sin interesarse por el otro.
Alejandro Espinoza, director de proyectos en IFOAM

Concretamente, el propósito del proyecto era conectar a las comunidades que viven en los cerros y, con ello, diversificar sus dietas. El programa posibilitaba los intercambios y la difusión de conocimientos, y velaba por que esos pequeños agricultores tuvieran acceso a mercados más grandes donde vender sus productos. De esta manera, se incrementó la resiliencia de estas poblaciones y se intensificó el intercambio de habilidades entre pares.

Si en el mundo había ya tres mil millones de personas sin un acceso regular y suficiente a alimentos sanos y de calidad, tras la crisis de la Covid-19, las condiciones generales de vida de esos sectores de la población han sufrido una acusada degradación. Por consiguiente, en esos contextos, la lucha contra la desnutrición se ha convertido en el caballo de batalla más eficaz para conseguir el aumento del capital económico y humano de las personas más desfavorecidas, y la adopción de un modo de producción más sostenible. El proyecto se ha llevado a cabo en dos fases de cuatro años, la segunda de las cuales terminó en octubre de 2021. Esos ocho años de trabajo han permitido aumentar la calidad y la sostenibilidad de la agricultura en ocho regiones de montaña específicas de Nepal, Pakistán, Kirguistán, Etiopía, India, Tayikistán, Ecuador y Perú.

Ahora los productores rurales gozan de un mayor reconocimiento

En Perú, país natal de Janet, y en muchos otros países de ingresos medios de Sudamérica, África y Asia, el proyecto Nutrición en Agroecosistemas de Montaña ha dado resultados positivos. Un gran número de pequeños productores que recibieron capacitación a través del proyecto tuvieron la oportunidad de participar en debates de alto nivel. En Lima, gracias a algunos de ellos, la moratoria al cultivo y producción de Organismos Vivos Modificados fue ampliada hasta 2035, lo que ha incitado a los productores locales a dedicar más recursos a los medios de producción naturales. Esto indica que los pequeños productores, antaño olvidados, gozan hoy de un mayor reconocimiento a nivel local, nacional y también regional. “Estos productores son el eje central del proyecto, afirma Alejandro Espinoza, director de proyectos de IFOAM. La adopción de medidas destinadas a promover la producción ecológica repercute directamente sobre la calidad de alimentación. No es posible actuar en uno de estos ámbitos sin interesarse por el otro”.

Los beneficiarios del proyecto son personas que no han recibido una educación superior, pero han demostrado una capacidad de análisis y una adaptabilidad a las nuevas condiciones de trabajo impresionantes.
Patricia Flores, coordinadora regional de IFOAM en Perú

Patricia Flores ha destacado personalmente esta evolución positiva. La coordinadora regional de IFOAM en Perú quedó gratamente sorprendida por la rápida adaptabilidad que muchos agricultores han demostrado en los últimos años. “Los beneficiarios del proyecto son personas que no han recibido una educación superior, pero han demostrado una capacidad de análisis y una adaptabilidad a las nuevas condiciones de trabajo impresionantes”, explica por teléfono. “Juntos, entendieron que este cambio era beneficioso para ellos: adquirieron nuevas habilidades, ampliaron sus conocimientos y, sin duda, fortalecieron su capital social”.

El proyecto Nutrición en Agroecosistemas de Montaña ha fortalecido el capital social de las personas marginadas

La responsable del programa en la COSUDE, Marlene Heeb, mantuvo asimismo varios intercambios con Patricia Flores. También ella destaca las repercusiones sociales del proyecto sobre las poblaciones locales. “Está claro que se han movilizado varias redes de agricultores que estaban alejados unos de otros. Sin duda, la percepción social, las habilidades y la influencia general de estas personas han cambiado desde la puesta en marcha del proyecto de Nutrición en Agroecosistemas de Montaña”, explica la especialista de la COSUDE.

Sin duda, la percepción social, las habilidades y la influencia general de los agricultores han cambiado desde la puesta en marcha del proyecto de Nutrición en Agroecosistemas de Montaña.
Marlene Heeb, responsable de programas de la COSUDE

Destacó además que una de las prioridades del proyecto era ofrecer apoyo a muchas personas marginadas. Al permitir que los agricultores que trabajan la tierra, cada uno por su lado, se reúnan e intercambien sobre formas más sanas y más sostenibles de tratar sus producciones, se contribuye además a romper el aislamiento. Muchos tomaron la vía de la agroecología por emulación. “Es un riesgo cambiar el método de producción; pero ellos lo asumieron”, celebra Marlene Heeb. Puntualiza que las personas que viven en condiciones difíciles están acostumbradas a adaptarse rápidamente a nuevas condiciones laborales. Además, “la vía del aprendizaje no tiene fin”, recuerda Patricia Flores.

Más conexiones intercomunitarias en Ecuador

Los vínculos sociales entre homólogos y entre personas con la misma ocupación también han sido muy importantes en Ecuador. Y, sin duda, mucho más que en otros lugares, según explica Cecilia Ponce, de la Fundación Heifer Ecuador, organización responsable de la ejecución del proyecto en el país. Dentro de Ecuador, los medios de comunicación son muy escasos; solo el 33% de la población dispone de acceso a Internet. “En ese sentido, la utilización de las nuevas tecnologías supone un aprendizaje tremendo. Y lograrlo es motivo de orgullo para estas poblaciones rurales”, explica durante un Así, el diálogo creció dentro de las familias, y luego en las comunidades. “Algunas personas, no solo han incrementado su capital social en la sociedad ecuatoriana, sino que también han tenido la oportunidad de innovar por cuenta propia. Orgullosos, también han adquirido autonomía”, agrega.

El proyecto Nutrición en Agroecosistemas de Montaña persigue los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030

La experiencia de Suiza en la promoción del desarrollo sostenible la ha hecho merecedora del reconocimiento internacional, especialmente en el campo de la nutrición. Por consiguiente, goza de reconocimiento mundial y de una probada credibilidad.

Su participación en las dos fases del proyecto Nutrición en Agroecosistemas de Montaña en América Latina, en África Subsahariana y en Asia, con un gasto total de unos seis millones de francos suizos (6'000'000 CHF), contribuye además a subrayar la coherencia de su política exterior. El desarrollo sostenible forma parte de la Estrategia de Política Exterior de la Confederación para el periodo 2020–2023.

El conjunto de microproyectos ejecutados en el marco de la Nutrición en Agroecosistemas de Montaña en los ocho países destinatarios ha tenido un importante efecto a nivel local, nacional, regional y también mundial. “El objetivo es aplicar los ejemplos positivos y las mejores prácticas que hemos recopilado para ampliar este fenómeno a nivel mundial y en las instancias internacionales”, explica Marlene Heeb.

El proyecto también ha contribuido a la consecución de los objetivos 2, 3 y 12 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, que persiguen poner fin al hambre y fomentar la agricultura sostenible; promover la vida sana y el bienestar en todas las edades; y garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.