Volver a inicio

Conjugar economía y derechos humanos nos incumbe a todos

La diligencia debida de las empresas a la que muchos aspiraban el pasado mes de noviembre con la iniciativa sobre multinacionales responsables, es, en realidad, algo que aplican muchas empresas suizas desde hace años, incluidas las pymes. Ya en 2016, el Consejo Federal aprobó un plan de acción sobre el tema, basado en los principios rectores adoptados por las Naciones Unidas hace diez años. No obstante, aún queda mucho por hacer en materia de sensibilización.

En la imagen, cuatro mujeres de origen indio mientras ensamblan piezas metálicas.

Mujeres trabajando en una empresa metalúrgica de la India y beneficiando de unas condiciones laborales adecuadas y respetuosas. © DFAE

La agencia de viajes suiza Tourasia, por ejemplo, abordó el tema de la sostenibilidad en el turismo desde el principio. Garantiza un salario justo para sus empleados en Asia, sean hombres o mujeres, y tiene en cuenta los posibles efectos nefastos del turismo en las poblaciones locales. De manera que la agencia vela desde hace años por un sano equilibrio entre las condiciones laborales de sus colaboradores y la economía general de la sociedad.

Un gráfico circular resume los seis pasos para llegar a condiciones laborales respetuosas.
¿Cómo combinar economía y derechos humanos? El DFAE y la SECO se han comprometido a encontrar soluciones no sólo para las multinacionales, sino también para las PYME. © DFAE

En el contexto concreto de la pandemia, Tourasia ha creado un fondo de apoyo a los empleados y autónomos –como los guías o los conductores– que se han visto especialmente afectados por la ralentización de la actividad económica. Gracias a ese fondo, se ha ingresado a las personas necesitadas unos 80 000 francos suizos (CHF) en ayudas directas. En Myanmar, el golpe militar y los subsiguientes levantamientos populares han venido a sumarse a la crisis sanitaria. El fondo de ayuda ha brindado protección a los empleados de este país de Asia Sudoriental frente a la arbitrariedad de las autoridades, dándoles una mayor seguridad en un contexto inestable.

Este es un ejemplo de buenas prácticas en un sector sensible, una empresa que respeta un equilibrio adecuado entre economía y sociedad. Hay muchas iniciativas voluntarias de este tipo, pero en su mayoría, lamentablemente, aún son desconocidas para el público en general.

El turismo, un sector importante de la actividad económica en el mundo

La población suiza ha demostrado su preferencia por un equilibrio saludable entre la eficiencia económica y el respeto de los derechos humanos en el extranjero. Así lo expresó en las urnas el pasado mes de noviembre en la reñida votación de la iniciativa sobre las multinacionales responsables.

El sector turístico, por ejemplo, es uno de esos sectores económicos que pueden repercutir negativamente en los derechos humanos, si no se tiene el suficiente cuidado. En muchas regiones del mundo, las poblaciones locales son desplazadas por la fuerza para permitir la construcción de nuevos complejos hoteleros. En otros lugares, son los trabajadores y trabajadoras quienes ven violados sus derechos, mientras que un poco más allá, encontramos niños y niñas víctimas de la explotación laboral o del turismo sexual.

Con el propósito de contener en la mayor medida posible las violaciones de los derechos fundamentales de las personas, los Estados, empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales se unieron hace ahora diez años para elaborar, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, un marco normativo dirigido a limitar los efectos de las actividades económicas sobre los derechos humanos. Hasta hoy, ese marco de referencia ha permitido evitar abusos y exacciones en muchos países del mundo. No obstante, su visibilidad sigue siendo demasiado restringida, no solo para el público en general, sino también entre los representantes de las pequeñas, medianas y grandes empresas.

En Suiza, las pymes revisten especial importancia, pues constituyen la mayor parte del tejido económico. Sin embargo, habida cuenta de sus limitaciones en recursos humanos y en conocimientos especializados en materia de derechos humanos, la gestión de riesgos puede suponer para estas empresas un gran reto, que muchas afrontan cuando comprenden las ventajas estratégicas que comporta una gestión empresarial responsable, especialmente entre el público joven. Por ello, la Confederación destina desde hace años un volumen importante de medios a la promoción de la difusión de buenas prácticas y de la colaboración entre los distintos representantes económicos.

Mucho trabajo de promoción aún por hacer

La promoción de esos principios rectores ha seguido una evolución creciente en diez años, pero aún se subestima en gran medida el conocimiento de su existencia y su contenido, lo que provoca un déficit de conocimientos especializados y de competencias en muchas empresas, en particular en las pymes. Cuando hablamos de responsabilidad empresarial en materia de derechos humanos, hablamos básicamente de la repercusión de la actividad de las empresas suizas en el exterior, ya sea a través de sus filiales o de sus asociados comerciales en la cadena de suministro. Por lo tanto, compete al Departamento Federal de Asuntos Exteriores y al Departamento Federal de Economía, Capacitación e Investigación promover el conocimiento y la aplicación de los Principios Rectores de las Naciones Unidas, tal como vienen haciendo desde que Suiza aprobó un plan de acción nacional en la materia.

A nivel internacional, varios países se han comprometido a respetar los Principios Rectores de las Naciones Unidas y varios Estados han adoptado un plan de acción nacional. Por su parte, el Consejo Federal también reconoció el papel decisivo que puede desempeñar la economía en la realización y la protección de los derechos humanos, en su territorio y en el exterior. La sensibilización de las empresas suizas o cercanas a la Confederación es, incluso hoy, una etapa importante en el proceso que atañe a la coherencia entre las políticas internas y externas de Suiza.

Involucrada activamente en su compromiso, Suiza apoya también las actividades desarrolladas en el marco del Pacto Mundial de las Naciones Unidas –y especialmente las de la red suiza– dirigidas a estimular en las empresas la adopción de una conducta responsable ante una decena de principios que abordan problemas medioambientales, la lucha contra la corrupción y, en particular, los derechos humanos.

La Confederación y el DFAE, activos desde 2016

El primer plan de acción nacional fue aprobado el 9 de diciembre de 2016, por mandato parlamentario, lo que convirtió a Suiza en uno de los primeros países en dotarse de un plan de este tipo. Desde entonces, se ha organizado una treintena de eventos y seminarios con la participación de las cámaras de comercio, las asociaciones coordinadoras y sectoriales, así como algo más de quinientas empresas, la mayoría de ellas pymes. Estos eventos han permitido el establecimiento de un diálogo constructivo con los principales agentes: los cantones, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y la comunidad científica.

El 14 de septiembre tendrá lugar en Berna un foro titulado “Empresas y derechos humanos”. Con ponencias de alto nivel y seminarios prácticos para las empresas, esta plataforma servirá para demostrar la existencia de múltiples herramientas concretas para promover el respeto de los derechos humanos. En Suiza existen ya muchos programas en la materia, pero lamentablemente, aún son poco conocidos. A partir de ahora, el foro facilitará la colaboración y el intercambio de las buenas prácticas que han demostrado su eficacia.

Paralelamente, dentro de la Administración Federal, se da una cooperación interdepartamental. El plan de acción nacional ejecutado por el DFAE complementa otro plan de acción sobre responsabilidad social empresarial (RSE) de la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos (SECO), basado en los principios marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Por tanto, ambos planes están reflejados en las estrategias federales generales en materia de política exterior y de desarrollo sostenible (véase el recuadro a continuación). En ese contexto, un grupo interdepartamental reúne periódicamente a las oficinas federales involucradas en los distintos planes de acción y estrategias de la Confederación, con el objetivo de coordinar actividades y lograr una aplicación coherente de los principios rectores de las Naciones Unidas. Como siempre, los resultados de dicha cooperación entre departamentos también sirven de base para las consultas bilaterales o multilaterales con otros Estados.

“Igualdad de condiciones” a escala internacional: el desafío del próximo decenio

Precisamente en el ámbito internacional, el DFAE también lleva a cabo proyectos bilaterales y multilaterales concretos para promover los Principios Rectores de las Naciones Unidas en los países contrapartes. Apoya la formulación de planes de acción nacionales y contribuye a los seminarios regionales de promoción en América Latina, Oriente Medio y África. Por lo tanto, de lo que se trata, sobre todo, es de fortalecer el compromiso de los Estados y promover siempre el establecimiento de reglas de juego justas a escala mundial ("igualdad de condiciones"), uno de los mayores desafíos para los próximos diez años.

La Estrategia de Política Exterior y la Agenda 2030

El Plan de acción nacional 2016-2019, que ha sido revisado para el período 2020-2023, contribuye a los esfuerzos de Suiza para lograr los objetivos de la Agenda 2030, especialmente, los objetivos 8, 12, 16 y 17. Consisten, por un lado, en promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos; por otro lado, garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles, respetar el Estado de derecho, promover la lucha contra el crimen organizado, y, por último, fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible. Así describe la Agenda 2030 el mundo del futuro.

Además, el compromiso de Suiza con una mejor relación entre la actividad económica de las empresas y el respeto de los derechos humanos está en consonancia con las prioridades de su Estrategia de Política Exterior 2020-2023. Cumple con el objetivo 8, en materia de sostenibilidad y aboga por la aplicación de una conducta empresarial responsable en todos los ámbitos económicos, un método que contribuye significativamente al desarrollo sostenible y a la resolución de problemas sociales.